jueves, 29 de mayo de 2014

Segunda parte. El pájaro profeta. De julio a octubre de 1984.



La segunda parte de las Crónicas titulada “El pájaro Profeta. De julio a octubre de 1984” es, a mi modo de ver, la parte más difícil de comprender, incluso de sobrellevar. Tantos enigmas hasta el momento, para que el lector en esta parte se encuentre con una lectura con un ritmo más lento que en la primera y donde se acumulan aún más preguntas... (y temo decepcionar a alguien pero lo que es peor, es probable que se queden con varias de ellas al terminar el libro). Quizás uno como lector esperaría que las cosas se fueran aclarando un poco, que el protagonista estuviera más avivado y tuviera otras reacciones que ayudaran a entender mejor lo que pasa. Pero todo es un embrollo y me queda claro que la intención es esa, embrollarnos por igual, tal como lo está el protagonista (ya sea para justificar su determinación para bajar al pozo). Por mi parte, no pude salir de la enredadera y fue necesario acabar el libro, disfrutar su narrativa y luego releerlo desde el principio para tratar de entender mejor la trama. Por eso, lo que me sorprende a estas alturas, es que si creí haber pescado algo, en realidad, una segunda lectura me da cuenta de que prácticamente no le había entendido nada a la novela. A lo mejor no fui tan buena lectora como había creído, pero también es la forma como lo estructuró Murakami. Ahora me doy cuenta de que la clave está en que hay hechos presupuestos, que ni siquiera se narran, sino que se deducen por necesidad. ¿Cuándo leemos, por ejemplo, lo que Kumiko le habrá contado a Malta? ¿O qué conversación habrán tenido realmente Noboru Wataya hablando por teléfono con su hermana? No, no lo leemos en la novela, pero algo de esto tuvo que haber tenido lugar para poder entender lo que sí leemos.

Por otra parte, si uno cree o no en los poderes sobrenaturales es cosa aparte, la hilación tiene una lógica interna que no atenta contra la verosimilitud de la novela, aunque no sería difícil que algunos lectores se sientan ultimados. Después de todo, qué extraña imagen la de encontrarse a Creta a oscuras en la casa de Okada, o que su vestimenta parezca un recorte de revista del año del caldo, y qué extraño encontrarse a una mujer con un sombrero de plástico rojo desentonando con la belleza y el buen gusto de Malta, o que una mujer que no conoces se acerque a ti y te pregunte si tienes dinero, le digas que no y sin más, se vaya. Qué raro es que te den una tarjeta de presentación únicamente con el nombre, sin dirección ni teléfono ni nada más… Ultimadamente, ¡quién diablos bajaría a las profundidades de un pozo abandonado! No cabe duda que los acontecimientos narrados son de lo más extraño, empezando por «los más reales». Y sin embargo, todo guarda su lógica y su proporción. Okada decide bajar al pozo para poner en orden sus ideas, para reflexionar y tratar de entender lo que estaba viviendo. Una forma poco ortodoxa, sin duda, pero, de algún modo, como diría Unamuno, eran él y sus circunstancias. Su mujer lo acaba de abandonar, su cuñado al día siguiente le informa que ella tiene un amante y que su familia se va a encargar de tramitar su divorcio; en su vida aparecen, una tras otra, mujeres extrañas, como Malta Kanoo y su hermana, la mujer misteriosa del teléfono y la adolescente May. No entiende bien por qué aparecen en su vida… y por qué justo ahora que se va Kumiko. Además conoce al teniente Mamiya en representación del señor Honda; el primero le acababa de contar la experiencia extraordinaria de haber tenido que pasar un tiempo en el pozo y lo que significó para él; y al otro lo había recordado hace poco pues le decía que cuando es necesario tocar fondo hay que buscar el pozo más profundo. May Kasahara le enseñó aquel pozo seco de la casa abandonada y él, sencillamente, no quiere estar en la suya donde solo habitan las “sombras prisioneras” de su relación con su esposa. Además de eso, no tiene otro lugar mejor a dónde ir para estar solo. En esas circunstancias específicas es como decide ir al pozo. Tiene su verisimilitud. Las sensaciones que describen Okada y el teniente Mamiya en el fondo del pozo, viéndolo como novela, no deben ser ajenas a la realidad: una auténtica negrura envolvente, la soledad en la profunda oscuridad y el silencio, en las tinieblas y el frío, en un mundo subterráneo donde los recuerdos adquieren una fuerza desconocida: imágenes fragmentarias prodigiosamente vívidas en cada detalle, tan claras que podrían asirse con la mano… Las estrellas que permanecen en la boca del pozo, que suavemente se desvanecen hasta desaparecer. Su movimiento, que demostraba el tiempo que corría. Y afuera un mundo remoto unido al individuo a través de un pequeño agujero, lo que hace increíble de pensar que justo debajo de una luz tan abrumadora exista una oscuridad como ésta. En la primera parte, incluso, nos hemos percatado de los poderes paranormales de Malta que de una forma extraña, a través de los sueños, usa a su hermana de médium. Este será un antecedente importante para dar verosimilitud a otros sucesos posteriores. Inclusive, antes de que Okada entrara al pozo, Malta adivina que una persona cuyo nombre empieza con la letra O va hacerle una llamada y que durará mucho tiempo en la media luna. Esto último no tiene ningún sentido hasta que él se percata de que la boca del pozo tapado por la mitad representa la media luna, lo que quiere decir que su estancia en el pozo será larga. Y así fue. Aunque él asegura que estuvo solo tres días en el pozo, no hay una certeza de que esto sea verdad. La percepción del tiempo aquí es muy confusa y él en algún momento dado reconoce que no sabe si es la hora “a.m.” o “p.m” (antes o pasado meridiano). Toda la primera parte de la novela, de junio a julio de 1984, es narrada en tiempo pasado, como un recuerdo del narrador, y justo el día que va a entrar al pozo, habla en tiempo presente. Esto es evidente cuando al pasar por el callejón, antes de llegar al pozo, en el camino tiene un recuerdo de su mochila “en un día como hoy”. Esto hace suponer que sus recuerdos narrados en el pozo abarcan las Crónicas desde el principio, desde aquella llamada mientras preparaba los espaguetis. El lector, al menos, haría bien en dudar cuánto tiempo realmente estuvo en el pozo. En especial cuando descubrimos que no todo lo que narra el protagonista es todo lo que sucede. Por otra parte, nos percatamos de que una vez que Okada se introduce hasta el fondo del pozo, Malta no puede intervenir de ninguna manera en sus sueños. Como lo ha dicho ella, no puede «sentir su presencia». Eso explica por qué Okada no sueña en el pozo a Creta. Al parecer, Malta lo pierde porque Okada está lejos de la superficie, o porque no tiene muestras de agua de aquel pozo (recordemos que Creta recolectó agua de la cocina y el baño y que Okada llegó a mencionarle que no muy lejos había un pozo seco). Asimismo, Malta percibe que no se trata de una mera coincidencia el que, al volver a sentir la presencia de él, haya dejado de sentir la de su hermana. Sus sensaciones, después de todo, no están equivocadas: se deben a que Okada sale del pozo y ahora entra Creta. No obstante, puede parecernos increíble de imaginar que nunca se le haya ocurrido preguntarle a Creta cómo fue que lo encontró en el pozo, si se supone que ella no sabía dónde estaba él y la única persona que lo había visto en el pozo era May Kasahara. Pero recordemos que la hermana de Malta sin más preámbulos se esconde de él una vez que le lanza la cuerda para que pudiera salir del pozo. De modo que él ya no puede hacerle esa pregunta. De cierta forma, por esa razón es que se esconde Creta, para no tener que responderle, y luego ella, poder bajar al pozo. En todo caso, le sorprende aún más que ella también haya decidido bajar hasta el fondo. Cuando la vuelve a ver al día siguiente en la noche, la pregunta ya no es cómo fue que llegó a rescatarlo de su encierro en el pozo, sino ¡cómo diablos llegó hasta su cama, desnuda, sin zapatos y limpísima! Todo esto ya nunca más se tocará en la novela, lo que quiere decir que Murakami nos deja este mensaje no escrito: «El que entendió, lo entendió, y si no, quédese con la duda o vuelva a leer el libro». Así que yo lo que pensaría es que así como el teniente Mamiya fue rescatado por el sr. Honda, gracias a sus ya incuestionables poderes sobrenaturales, de igual manera, ya tenemos varios elementos para no cuestionarle a Malta sus poderes, mismos que le ayudaron a Creta a sospechar dónde podría estar Okada, pues si no sentía su presencia debía ser porque estaba «debajo de la superficie», posiblemente en aquel pozo donde él le había dicho que no corría el agua. Y fue así como dio con él. Pero, sobre cómo Creta llegó hasta su cama desnuda, eso sí es más difícil de adivinar o suponer. Sabemos que Okada, cuando fue a buscar a Creta al día siguiente, no la encontró (ni a ella ni a la cuerda). Y fue hasta aquella noche que al despertar de su siesta la encuentra en su cama desnuda y sin zapatos. De forma tan natural, ella sin preocuparse si quiera, le comenta que algo similar ya le había pasado antes, pero no sabe o no le puede explicar qué fue lo que pasó. Sólo recordaba que se había quedado en el pozo y que, cuando cobró conciencia, se encontraba ahí, en la cama de él en esas condiciones, a pesar de la lluvia que hubiera manchado de lodo su cuerpo y sus pies. Por otra parte, sabemos que May Kasahara -luego de que salió Creta- fue quien bajó al pozo también, quien admitió tener la cuerda. Esto es todo lo que sabemos… Lo que yo podría suponer es que Creta le está ocultando la verdad a Okada. Ella sale del pozo y deja la cuerda ahí colgada. Ella en el pozo ha reflexionado que le conviene «marcar un límite» entre su pasado y su presente, acostándose con Okada. Pero no sólo eso, además desea embarazarse para comenzar una nueva vida «más suya». Su hermana, Malta, está de acuerdo con esta decisión, y ya que pueden manipular los sueños de Okada, al dejarlo dormido, aprovechan para que Malta se lleve la ropa y los zapatos de Creta. Y ella, limpísima, se acuesta en la cama de Okada. Malta con esto le está dejando una clave más a él: Creta al ponerse la ropa de Kumiko le mostrará que es de la misma talla que su esposa. Esto es de pensarse considerando que Creta fue ultrajada por Noboru Wataya… Respecto a May Kasahara, ella finalmente se decide ir a buscar a Okada cuando ya Creta había salido del pozo y lo único que encuentra es la cuerda colgando. No podía saber en ese momento quién lo habría rescatado, pero decidió llevarse la cuerda para luego bajar ella en un mejor momento cuando no estuvieran sus padres en casa.





Hasta aquí, todo, aunque muy extraño de primera vista, va teniendo una explicación (repito, que uno crea o no en los poderes paranormales es otro asunto, en la novela basta con anunciar con oportunidad el caso del teniente Mamiya para darle credibilidad al hallazgo de Creta; así entonces se puede admitir como un recurso que explica ciertos acontecimientos que de otra forma serían inexplicables). Pero aquí no paran los hechos extraños, la aparición de la mancha de nacimiento también puede violentar la verosimilitud de la novela. Y sin embargo, es rescatada con la llamada de Malta que deja entrever el porqué de su aparición. Okada al bajar al pozo se encuentra en condiciones muy específicas, no sólo es lo que le está pasando y lo que está tratando de comprender, es también el lugar donde habita temporalmente el que condiciona su estado físico y mental. Él, aunque profano de los poderes sobrenaturales al principio, concediendo a Mamiya su historia y su relación con Honda, finalmente él mismo experimenta en el pozo algo parecido a una revelación (él es, Okada, «el pájaro profeta»). Así es: no sólo vuelven a él los recuerdos del tiempo en que conoció a Kumiko en el hospital, o de su primera cita con ella en el acuario, no sólo recuerda aquel embarazo que terminó en aborto, sino que también se adelantó al futuro. Por la llamada que le hace Malta a él, después de que sale del pozo, se intuye que ella sabe que las personas que predicen el futuro cambian su configuración física: tienen cambios notables en su cuerpo que se pueden ver a simple vista; pero cuando no están familiarizados con sus capacidades predictivas, les pasa que no entienden nada o no saben cómo descifrar lo que ven: no podrían situar siquiera sus visiones: no son sueños, pero tampoco son lo que conocemos como realidad. O a la inversa, no son reales, pero tampoco son lo que conocemos como sueños. Esto explica su mancha en la cara que apareció justo al terminar su revelación, sintiéndolo como una «fuente de calor» en la mejilla derecha. Como le confesó a su tío, Okada no sabía si de algún modo aquella mancha tenía alguna relación causa-efecto con la marcha de Kumiko, pero su revelación, y por lo tanto su mancha, tiene que mucho que ver con ella. Hay hechos que marcan el inicio y el final de cada parte de la novela, razón por la que se dividen las Crónicas de “junio a julio de 1984” y de “julio a octubre de 1984” en la primera y segunda parte respectivamente. El primer martes de junio aquella mujer misteriosa (con aquel «violento deseo sexual») le llama a Okada por teléfono, y justo al terminar el mes, Kumiko se va de la casa. Entre este y el otro suceso se narran las Crónicas de la primera parte. Y luego, comienzan la segunda: Al darse cuenta de que Kumiko no llegó a casa, Okada decide bajar hasta el fondo del pozo… y cuando sale de él queda marcado con una mancha de nacimiento. En octubre tiene una revelación: Descubre quién es la mujer de la llamada misteriosa y eso le permite comprender que Kumiko se fue de casa, no porque lo abandonara, sino porque, por alguna razón, tenía que apartarse de él. La casa abandonada, además, es demolida con todo y el pájaro de piedra y el pozo se llena de tierra. Okada todavía no acaba de entender con quién está, si está sola o se trata de un hombre y quién es. Quizás, como le habían advertido las hermanas Kanoo, si ella no se iba de la casa, «podría haber pasado algo mucho peor». Ahora sabemos, antes que Okada, que Noboru Wataya es quien está detrás de ella y que es el hombre con quien está Kumiko. La amenaza de él sobre su hermana es más peligrosa de lo que podría uno suponer. Al menos ella puede imaginar que su hermano podría matar a su esposo, ¿por qué no le extrañaría? (según lo advierte en uno de los sueños que no son sueños de Okada). Si no le sorprende es porque puede ser capaz de esto es, porque Kumiko le conoce algo. ¿Será que él mató a su hermana? Llevando esto al límite, es posible que Noboru abusara de su hermana y que temiera que Kumiko fuera a decírselo alguien más. Kumiko lo había visto masturbarse con la ropa interior de su hermana… Y, además, está el dato (deducido por los relatos) de que después de que Kumiko se casó con Okada, Noboru violó a Creta. Y nota curiosa: el cuerpo de Creta es muy parecido al de Kumiko….






La tercera parte a ver qué me ofrece, quiero ver si hay algo que se me escapó o si de plano tendré que deducir con los elementos que me dé Murakami para entender qué pasó entre los hermanos Wataya. Ya en la parte dos se deja asomar algo (fue parte de lo que ya no escribí). En el pozo, Okada recuerda la vez en que Kumiko quedó embarazada y al final decide ella sola abortar aprovechando que él se fue de viaje. Pero, oh, pequeño detalle: Okada recuerda a la perfección cómo fue que embarazó a una chica (no usaron condón, la chica le dijo que no iba a pasar nada y, luego..., tuvo que abortar). En cambio, con Kumiko no recuerda cómo fue qué pasó ese accidente. Por si fuera poco, ella después le pregunta que si él cree que haya otro hombre, al instante le responde que no, pero después se angustia y le pregunta que si lo hay, ella le contesta "no, cómo crees"... Finalmente, fuera del pozo, cuando sigue al muchacho que lleva un bat en el estuche de la guitarra, en el camino se da cuenta que "la obstrucción de la corriente", en sentido figurado, se había dado justo a partir del embarazo, pues Kumiko ya no pudo decirle con palabras lo que sentía, mucho menos después del aborto, e incluso en su larga carta cuando se despide de Okada le vuelve a decir que hay algo que tiene que que erradicar, juzgar y castigar, porque ha sido lo que ha provocado todo esto. Ahora sabemos, después de haber leído el final de la novela, que ese algo se llama Noboru Wataya. Pero eso quiere decir (o más bien justo ahora que lo escribo lo estoy pensando) que Noboru violó a Kumiko, la embarazó, y ella decidió abortar. Vaya, antes lo pensaba como hipótesis, pero esta vez ya no tengo duda.




Y de modo figurado, también llega a la conclusión de que el acontecimiento que sin duda vino a obstruir la expresión de los sentimientos de Kumiko fue aquel embarazo que ella decidió dar por terminado cuando se quedó sola en casa. Ella nunca más, desde que eso pasó hasta el día que le escribe una larga carta despidiéndose de él, no puede expresarle con palabras ese algo que «debe erradicar, juzgar y castigar puesto que es lo que ha provocado todo esto».


Por otra parte, a Kumiko le pudo haber pasado lo mismo que a Creta: el dolor y el placer eran una sola cosa: el placer provenía del dolor y el dolor provenía del placer. A pesar de que la ultraja, ella nunca había sentido un placer igual, pero éste a la vez estaba unido a la terrible figura de Noboru. Eso fue lo que relató Creta y casi podría asegurar que lo mismo le pasó a Kumiko. Ella lo reconoce en su carta, confesándole a Okada que con él nunca ha sentido que se funda en el "barro caliente". En el pozo, por su parte, Okada dice de pasada que nunca sintieron una "descarga eléctrica" al enamorarse, y que más que encontrarse con "una persona nueva", se sentía a lado de "un viejo y querido amigo". En su primera relación sexual, no ocurrió nada del otro mundo, y sin embargo, la sintió lejos, como si estuviera en otra parte o pensando en otra cosa (le llama, una sensación de disociación). Y es que quizás, desde tiempo atrás, la violaba su hermano. Después cuando se casa Kumiko con Okada (su casamiento coincide con la fecha en que Creta intenta suicidarse a los 20 años de edad), poco tiempo después es que Noboru viola a Creta. Él ya no tenía acceso a Kumiko y se encuentra a esta chica que debía parecerse a ella. Creta finalmente logra "reconfigurarse" acostándose con Okada, pero Kumiko aún no lo consigue y se mantiene presa de su hermano. Oculta. Él no quiere que su hermana diga nada, no sólo porque iría a la cárcel, sino porque perdería la oportunidad real que tiene de ser diputado. Pero, ?por qué Kumiko no puede delatar a su hermano con Okada? Porque además del escándalo público en el que ella queda expuesta como la hermana violada, teme que incluso, aún cuando pudiera escapar del escándalo, Noboru sea capaz de matarlo con tal de que siga siendo un secreto entre ellos. Adelantándome un poco, me parece que el final deja entre abierto dos caminos posibles, uno en el que Kumiko después de cumplir su condena vuelva con Okada... Y otro en el que Okada se junte con May Kasahara. Pero de eso, mejor para después.






Una fuente de calor, dirá May Kasahara, es con lo que cada persona nace en el centro de su existencia y a la vez la mueve desde el interior a realizar cosas… La suya sería la cuestión de la muerte: Esa curiosidad que la llevó hasta el límite con su compañero de la moto, tapándole los ojos cuando él iba manejando, y luego, a Okada, sustrayéndolo de la cuerda que le permitía salir del pozo. La representación de este personaje es la de una pequeñita de dieciséis años que aparenta menos edad pero que por inteligencia parece tener más. Hundida en una vida muy aburrida se la pasa cavilando sobre la muerte. Basta con hacer memoria, una por una, de sus conversaciones con Okada. Desde que se conocen, cuando le habla en voz baja al notarlo somnoliento, le dice algo sobre «diseccionar a la muerte», como si se tratara de un cuerpo blando que en su interior se vuelve más y más duro. Después, cuando van juntos al trabajo, reflexiona con él que si la gente teme quedarse calva es porque eso les hace pensar en el final de la vida: conforme se van quedando calvos, sienten que la vida se les va acabando. Incluso le menciona que a veces piensa en qué es lo que deberá sentirse cuando alguien se va muriendo poco a poco, sin tener nada que comer ni que beber. Nunca pensó en ese momento que esto sería fácil de investigar quitándole la escala a Okada… Y aun cuando lo tiene atrapado en el pozo, a su merced, le explica que para evolucionar necesitamos de la muerte: si el hombre piensa en el significado de la vida es porque sabe con certeza que va a morir algún día: si el hombre viviera eternamente, sin desaparecer, sin envejecer, si pudiera vivir una juventud perpetua en este mundo, no se rompería la cabeza en muchas cosas como la filosofía, la psicología, la lógica, la religión o la literatura.


La percepción de May sobre Okada ha cambiado y su relación con él se ha trastocado a partir de que se ven de nuevo, pero esta vez tras estar fuera del pozo sin su ayuda. En su encuentro, ella se nota más precavida en cada cosa que dice porque sabe que lo dejó abandonado en el pozo más tiempo del que debería. Nunca esperó que él no estuviera enojado con ella y de alguna forma le agradece su presencia para dejar de pensar tanto en la muerte. Al parecer se dio cuenta que al llevar hasta último término el dejarlo morir poco a poco, ese hecho la cambió a ella, ya no sentía que fuera la misma y no pudo reconocerse en el espejo, por eso, lo primero que tenía que hacer era alejarse de la vida tan aburrida que llevaba en su casa. Por él, le dice, es que ha decidido irse a estudiar a «otra escuela» que es donde podrá sacar un mejor provecho de sí misma.




Es importante no dejar pasar el hecho de que entre la casa abandonada y la casa de May, solo las divide el callejón: una está a espaldas de la otra y su jardín queda enfrente del jardín de la casa vacía. Okada descubre que a unos metros del pozo seco, en el grifo de la casa de May sale agua pura, lo que apunta a la sospecha de su tío de que probablemente «la obstrucción de la corriente» se deba al callejón que no tiene ni entrada ni salida.

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