Malta se comunicó con Okada, cuando él despertó y se dio cuenta de que Kumiko no había vuelto a casa y que no estaba en el trabajo. Le predijo dos cosas, una, que llamaría una persona que empezaba su nombre con la letra "O". Era el de la bodega, Oomura, que al mencionarle que había pasado un accidente frente a la tintorería de la estación, le recordó que había olvidado recoger la ropa de Kumiko (la ropa es clave). Cuando fue por la ropa se enteró que Kumiko se la había llevado un día atrás. Es decir, que ella lo había dejado en la mañana de ayer.
A Okada no le cuadraba que Kumiko se llevara la ropa recién planchada en el tren. Pero no entendía entonces cómo o por qué. Lo que no sabía él es que la última vez que vio a Kumiko, lo primero que hizo ella fue pasar por la ropa que su esposo había dejado días atrás en la tintorería (la blusa verde y la falda savia) con la intención de quitarse el vestido que traía puesto para dárselo a Malta. Ella se lo daría a Creta para que se lo pusiera junto con los brazaletes y de esta manera la usaría de medium en los sueños de Okada.
(Por eso) Creta aparece en el sueño de Okada con el vestido prestado de Kumiko. Cuando se ven en casa de Okada, ambos tienen conciencia de que tuvieron relaciones sexuales en el sueño aunque no fueran reales. Esto quiere decir que la suite 208, donde se encuentran en penumbras, también es real (como los brazaletes y el vestido), y que ese es el lugar en donde se encuentra Kumiko. El hombre con el que se va ella es su hermano, que cuida que no se le acerque Okada.
Según la versión de Noboru Wataya, su hermana le llamó unos días antes de que se fuera de casa, para decirle que tenía un amante. Esto más o menos coincide con la versión de Kumiko que le cuenta a Okada que su hermano le había llamado para informarle que iba a lanzarse como candidato a diputado.
Todo parece indicar que, más bien, Noboru le informó a su hermana que la había estado investigando y que, tras enterarse de sus oprobios, le advirtió que no estaba dispuesto a exponerse a ningún escándalo. A Kumiko no le quedó de otra que admitir lo de su(s) amante(s) con él, y éste la coercionó a irse a la suite para separla de Okada y, luego, él se encargaría de que firmara el divorcio. Se trataba de una coerción psicológica muy efectiva, ya que por lo que describe el narrador, la posibilidad de un escándalo en la familia Wataya podía trastornar a Kumiko y, como era de suponerse, a Noboru que esta vez sí tenía algo que proteger (a diferencia de sus combates con sus contrincantes del espectáculo con los que no tenía nada que resguardar, salvo ganar el combate).
Una vez que ella abandona a su esposo, Noboru le pide a Malta que lo acompañe como testigo en su encuentro con Okada. (Para esto Malta tuvo que hablarle primero a Noboru, «ella siempre es la que llama».) Así es como Malta le solicita por teléfono a Okada que se vean nuevamente en la misma cafetería y de ninguna manera se sorprende de que él le dijera que su esposa no había llegado a casa. Como sea, a Malta lo que más le interesa es «la configuración física» de su hermana y conocer con más exactitud la causa por la que Noboru violó a Creta. De lo contrario, decía Malta, es posible que ocurra algo peor.
Por supuesto, Okada en ese momento no relaciona que esto podría significar un daño en la «configuración física» de Kumiko, o de él mismo, por su relación con ella. Por eso lo que le ocurra a Noboru le resulta lejano y ajeno.
La aparición de Malta, Creta y la mujer misteriosa en la vida de Okada ya no es tan extraña si entendemos lo que le está pasando a Kumiko. Tal como lo diría Malta, hay una «obstrucción de la corriente», esto es, Kumiko no ha podido exteriorizar sus sentimientos con su esposo. Cuando ella busca a Malta, por recomendación de su hermano, para encontrar al gato, en realidad ella estaba buscando algo más que la ayudara a salir de su estancamiento.
Pero hay algo que no esperaban ninguno de los hermanos Wataya al contactarse con Malta. Noboru, no estaba enterado de la relación entre ella y Creta, mucho menos que fuera su hermana; Kumiko, que él la hubiera violado. Por eso la posición de Malta no era imparcial y su posición era especial en este caso.
Pero además, Malta tenía poderes paranormales. A través de los sueños de Okada (y con las muestras de agua que había recolectado del baño y la cocina), podía ir más lejos y vislumbrar el futuro. A través de objetos reales que invocaran algo o alguien, Malta los usaba de alguna manera para que reaparecieran en los sueños de Okada: El sombrero rojo de plástico la evocaba a ella; el peinado de Jaqueline Kenedy, a Creta; el vestido azul (con el que la vio por última vez), a Kumiko; la voz misteriosa a... La voz misteriosa.
Por eso podría decirse que Malta-Creta-la voz misteriosa-y Kumiko, representan a la misma persona en los sueños de Okada. El sueño es recurrente y cada vez se presentan nuevos elementos que se complementan para comprender la idea (o presagio).
May Kasahara, en cambio, no forma parte de este cuadro de mujeres. Sin embargo, a ella la conoce Okada en su búsqueda del gato. Y no solo a ella, sino también a la casa abandonada (y su historia), al pájaro de piedra y al pozo. Como le diría Malta: «Usted vive en un lugar extraño», y lo es si consideramos los oxímoros que conlleva: «Un pájaro que no puede volar (ya que parece que va a emprender un vuelo pero al ser de piedra...); un pozo sin agua (al parecer no tiene agua por «una obstrucción en la corriente» (sin sentido figurado), que explica también porqué los gatos dejan de pasar por ahí, a pesar de que otrora fuera su refugio: «los gatos son sensibles a estos cambios»); un callejón sin salida (todos los callejones tienen entrada y salida pero éste, como lo explicó Okada, no los tiene). Y... Una casa sin ocuparse. Recordando: Una casa deshabitada es tal como se siente ser visto Okada por el tacto de Malta en su primer encuentro.
May Kasahara es una chica joven, muy joven (de 16 años), que posee un increíble sentido común, lo que la hace muy astuta; su inteligencia bien puede inclinarse a la perversión o a la elevación de su espíritu. Como sea, la curiosidad la va llevando más y más lejos. Su relación con Okada es amigable al principio, pero conforme pasan los días ella empieza a desconfiar de él. Cada vez va más seguido al jardín a buscarla, le da explicaciones innecesarias, pero además, el día que lo ve con Creta cuando la está abrazando y que May le llama por teléfono para saber para qué la buscaba, se entera sin querer que hay además otra chica que le habla de sexo, todo lo anterior lo que la hace sospechar cosas malas de él. Podría tratarse de un pervertido. No vuelve a hablar con él hasta que lo encuentra en el pozo...
Lo más incomprensible en toda esta historia podrían ser los poderes sobrenaturales de Malta, que de una u otra forma consiguen que Okada quede dormido repentina y violentamente, sin poder evitarlo, utilizando objetos de la realidad para trasladarlos en sus sueños e incluso compartirlos con Creta mediante relaciones sexuales. Si cobran credibilidad sus poderes en la historia, es gracias al encuentro que tiene Okada con el teniente Mamiya, cuando él le platica el modo extraordinario como el señor Honda logra encontrarlo a él en un pozo en las estepas de Mongolia, en aquellos tiempos de guerra. Incluso le dice el teniente Mamiya en una carta: "La mayor parte de la gente ignora y evita las cosas que trascienden los límites de su entendimiento, tachándolas de irracionales e indignas de consideración".
Honda encuentra al teniente con sus poderes, así como Malta reconoció a Okada sin llevar la corbata de lunares (aunque puede ser también que ya le habría mostrado una fotografía de él Kumiko) (en todo caso esto no cambia la similitud). Otra coincidencia entre la historia de Honda y Okada es que el pozo de la casa abandonada no tiene agua, o mejor dicho, «el agua está donde no debería de estar» o «el agua no está en donde debería», como le pasó al señor Honda en Nomonhan que, sedientos, no tenían agua que tomar. Sin embargo, el agua estaba cerca, podían escuchar el rumor del río, pero era mejor «hacerse el muerto» antes de salir por ella. El gato de Kumiko, había hecho eso: «hacerse el muerto» ante la obstrucción de la corriente.
Hasta aquí, aparte del nombre que empieza con "O", Malta le anticipa otra cosa más: que «la media luna duraría varios días», es decir, su estancia en el pozo. Y así es como empieza a tener camino la segunda parte de esta historia. Ojo, en la primera se cuenta en retrospectiva todo un mes (de junio a julio) cuando todavía el ric-ric del pájaro que da cuerda al mundo se oía todos los días cerca del jardín de Okada. Comienza con la llamada de la mujer misteriosa y termina el día que se va Kumiko de casa.
El narrador cuenta las crónicas de seis días de ese mes sin que se percatara de la transformación de Kumiko. Su voz es en presente recordando aquellos tiempos.
Crónicas del pájaro...
El primer día, cuando la mujer misteriosa le llama dos veces y conoce a May Kasahara. Al final del día, Kumiko siente que el gato ha muerto.
El segundo, cuando le llama y se encuentra con Malta Kanoo. Le platica a Kumiko que su impresión de ella es que no es aburrida, tal como el sr. Honda.
Tercer día. Okada va a la tintorería a preguntar por su corbata de lunares. La obtiene. Vuelve a la casa abandonada y May le ensena el pozo.
Cuarto. Vuelve a la tintorería, esta vez deja una falda y una blusa de Kumiko. Malta le pide que reciba a Creta en su casa, se lleva agua de la cocina y el baño.
Quinto. En la mañana va a la piscina, regresa a casa y tiene un sueño con Creta. Despierta y Kumiko le avisa que va a llegar tarde. Lo busca May y lo lleva a su trabajo. Le pregunta a su tío por la familia Kasahara y se entera de una parte de la historia de la casa abandonada. Recibe una carta del teniente Mamiya informándole de la muerte de Honda. Kumiko llegó a las 10. Le comunica a Okada que su hermano Noboru va a ser candidato a elecciones.
Sexto. Ve en la mañana por última vez a Kumiko. Al mismo tiempo le avisa por teléfono el teniente Mamiya que irá a verlo a las 10 am. Kumiko se va y descubre Okada que le regalaron un agua de colonia fino. A las 9:50 am recibe una llamada de la mujer misteriosa. A las 10 se ve con Mamiya. En la noche ya no regresó Kumiko.
Un punto de inflexión interesante es que el día que Okada va rumbo al pozo para instalarse ahí en su narración lo marca como el presente. Es decir, que sus experiencias narradas a partir de ahora no son acciones pasadas.
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