Recibí una invitación para asistir al Recital de guitarra “Pequeños intérpretes”, a realizarse en el museo Rafael Coronel aquí en Zacatecas, y como decía “de niños para niños”, me animé a ir para que mis hijos fueran a escucharlos. Llegué con ellos al lugar indicado unos minutos antes de que empezara. La puerta estaba cerrada (desde lejos lo noté), pero antes de que me acercara al señor de la puerta, una pareja de adultos mayores se adelantaron y le pidieron permiso de pegar una hoja que avisaba que el recital se cambiaría al museo Miguel Felguérez, a unas cuadras de ahí. A juzgar por su cara, el encargado no tenía idea de lo que le hablaban, él ni siquiera estaba enterado de que el recital fuera originalmente allí, les dijo que nadie había preguntado por el evento, pero al verlos insistentes, el señor hizo un gesto de que por mera concesión les daba chance de poner la nota en la puerta.
Nunca he entendido por qué los organizadores deciden o permiten que pase esto de última hora como si se tratara de cualquier detalle que se puede cambiar de buenas a primeras, pero, desgraciadamente, esta clase de auto-sabotajes se da una y otra vez. Me molestó un poco porque no iba sola, iba con niños chiquitos y tendría que llegar caminando, pero… pues ya qué. Ya estábamos ahí.
Cuando entré al auditorio, todos los asistentes -sin duda- estaban enterados del cambio, de otro modo, sus hijos, sobrinos o nietos no estarían listos para pararse en el escenario. También había otros invitados de una casa hogar que igualmente sabían del cambio porque eran parte de los asistentes esperados. En facebook avisaron de último momento y, por supuesto, yo no lo leí. De cualquier manera tuve la sensación, por lo que dijo el señor de la entrada del otro museo, que nosotros éramos los únicos invitados no-estimados.
Una vez más, constaté, que un evento cultural de buena calidad puede pasar sin ton ni son por una difusión bastante somera para el público en general (y de alguna forma, qué mejor, sobre todo si no son serios y hacen cambios así sin más), ya que por alguna razón dan por sentado que fuera de los familiares, a los desconocidos no les interesa asistir. Y qué pena porque en esta ocasión se presentaban los niños que habían ganado, hace poco, a principios de mayo, el primero, segundo y tercer lugar del VI Concurso Nacional de Guitarra de Salamanca 2014. Y vaya que se notó el talento cuando tocaban, por eso les tengo que pasar los créditos: Los ganadores pertenecían al Taller infantil de guitarra del Instituto de Cultura de Villanueva, Zacatecas, a cargo de Nathalie Hurtado, acompañados de otro cuarteto infantil, El Joropo, a cargo de Julio César Jiménez, de la Unidad Académica de Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas, cuarteto que está en una fase inicial, pero que también mostró su alto nivel en el escenario.
Claro estuvo que el concierto era "de niños", pero por su repertorio, de ninguna forma era “para (todos los) niños”. Los más pequeños como los míos empezaron a fastidiarse porque las canciones no eran precisamente alegres, eran serenatas, tangos, baladas. Quise estar ahí lo más que pude, pero a la mitad del recital me tuve que salir con ellos. Ya no pude escuchar a los cuartetos juveniles que también estuvieron en el recital, aunque, como quiera que sea, los pude disfrutar hasta donde estuve. Mientras escuchaba a los intérpretes, me dejé llevar y me puse a pensar en las artes, en la música, en la pintura, en el teatro… en todas esas cosas que algunos osan en llamar de inútiles, aunque ellos, los pequeños intérpretes, de una forma muy simple estarían en desacuerdo con que las llamen así. Ni siquiera podrían decir que son cosas.
El proceso de tocar un instrumento debe ser para ellos una transformación total de su propia persona. Para nosotros, los espectadores, es el disfrute de un resultado. Para los niños el entregarse a un arte puede ser el proyecto inicial de su vocación, y para otros, como espectadores, una forma de apreciarlo y de introducirse en él. Y quizás de lo que se trate la educación artística en los niños es tan simple como eso, de acercarlos a experimentar de diferentes formas las artes, aprendiendo a cultivarlas y apreciarlas como parte de una formación integral. Que a lo mejor con el tiempo tengan interés en otro arte, en el deporte o en las ciencias, muy bien, lo importante es que a esta edad no se debe limitar su experiencia y menos en una sola dirección. Sino que con base en una gama de posibilidades, ellos mismos puedan darse cuenta de sus inclinaciones y preferencias, hasta que estén en condiciones de elegir libremente lo que es propio para su persona.
Me gustaría acabar sólo con dos simples observaciones a partir de esto que presencié.
Primero, que algo huele muy mal cuando los organizadores de eventos culturales como éste dan por sentado que el público en general no asistirá (que hasta pasa desapercibido cualquier autogol que se metan). La razón de este asunto es endémico: no tenemos un público crecido y fortalecido que se interese por las artes, no lo hemos fomentado desde sus raíces, en nuestra niñez. La educación artística aparece como parte del currículo en la educación básica, pero como otras tantas cosas se planta en la simulación. Las instituciones de cultura asumen que este problema existe, pero no para resolverlo, sino para darle la vuelta, ya sea porque esto sale de su alcance o porque no tienen interés en cambiarlo. Como muchas otras instituciones de este país, trabajan de forma independiente, sin coordinación con la SEP, por ejemplo, así que en lugar de sumar esfuerzos dirigidos a transformar esta realidad, lo que hacen es ponerle un traspié a la otra. Lo mismo pasa con las Casas de Cultura, que si bien su función sería pulir a las semillas que se han formado en las escuelas, los niños que llegan, como es de esperar, aparecen a cuenta gotas. Los que están allí llegan principalmente por el interés de sus familias o de sus maestros. Es una especie de milagro, porque en una escala social lo que predomina es el desinterés y el desorden.
Segundo, me parece absurdo que teniendo a estas joyitas cultivando un arte, que por si fuera poco han ganado los primeros lugares a nivel nacional, etc., los organizadores no se preocupen por promover una difusión como se la merecen, más allá del público querido, que son su familia y maestros. Si lo más difícil ya lo hicieron al llegar a este nivel, ahora por qué no hacer una difusión profunda, por qué no invitar a las escuelas para que asistan otros niños que se interesen a través de sus pares, por qué no hacerlo si otros han triunfado en condiciones como éstas en la que está hundida nuestra cultura.
Publicado en: http://www.proyectodiez.mx/2014/06/06/fomentando-el-arte-desde-sus-raices-opinion-de-edna-rodriguez/42509
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