miércoles, 29 de enero de 2020

Vivir la muerte

Entré a mi fB por la tarde y me sorprendió que una conocida mía, muy joven, le daba el pésame ayer a otra amiga porque se murió su papá. Pero ella, la que le  dió el pésame ayer, murió hoy. Me impactó muchísimo. Recordé cuando un amigo me daba el pésame por un familiar y poquito después él se mató por ir volado en su moto en una autopista. "Es parte de la vida", me dijeron hace poco, y pues sí, es cierto, la muerte también es parte de la vida. Pero hay modos tan inesperados, que no sé, no se siente igual, no es lo mismo.
A veces pienso en ello, me refiero a que toda la humanidad ha vivido y vivirá la muerte y cuando llega o llegue ese momento viviremos la última experiencia que todos quisiéramos poder trasmitir para la ciencia, para la religión o el chisme. Quisiéramos poder transmitir en qué consisten esos últimos momentos de la vida, y hoy me da por pensar, ¿se agudizará el oído gravemente?, ¿podremos percibir sonidos de una manera distinta cuando el cuerpo esté prácticamente desfallecido? ¿Y qué transformación tendrá nuestra energía que se consume con la muerte? Yo me imagino el tiempo fragmentado en micras de conciencia y, luego de eso, el fin para uno, pero no para la vida que continúa. La vida del individuo se vuelve historia, y su muerte es resignificada por los que lo tuvieron cerca, o tal vez lejos, pero tan cerca como leer un libro de un autor distante sin que afecte el sentir peculiar de que lo conocimos.
Lo que no me da es por imaginar el alma en el cielo y el cuerpo en  la tierra, mientras este se consume y transforma en materia abiótica y la otra perdura en el recuerdo al evocarla, pero es otra cosa, una cosa natural de la que poco sabemos a pesar de nuestra conciencia.

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